Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella [la naturaleza] puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurídicas impidan la impunidad de sus criminales.
Eduardo Galeano[1]
A lo largo del presente trabajo pretendo demostrar la siguiente hipótesis: el modelo neoclásico de maximización aplicado a la agricultura argentina funciona como una fábrica de pobreza, provoca marginación social y desertificación, la cual dejará a la Argentina sin recursos naturales para su recuperación.
Modelo neoclásico de maximización
El modelo neoclásico de maximización consiste, valga la redundancia, en maximizar la función beneficio de cada empresa (o del país en su visión macro) sujeta a restricciones de costo de producción. La versión minimizadora sería minimizar el costo sujeto a un determinado nivel de producto que se quiere conseguir. Pero me enfocaré en la versión maximizadora para evitar confusiones.
Este modelo considera a todo lo necesario para la producción como insumo y a su precio como costo unitario. En el concepto «todo» se incluye a los trabajadores y a la naturaleza.
Aplicación a la agricultura
En el caso de la agricultura, el modelo, también engloba al suelo y al medio ambiente en general. Entendiendo el medio ambiente como «el conjunto de seres vivos y cosas que constituyen el espacio próximo o lejano del hombre, sobre los que éste actúa, y que a la vez actúan sobre él, determinando parcial o totalmente su existencia y modos de vida»[2].
El capitalismo ve al medio ambiente como cualquiera puede observar un cuadro, una pintura. No hay o se ha perdido, relación entre la sociedad y la naturaleza. De esta concepción de la naturaleza como objeto a someter surge la Problemática Ambiental que se manifiesta en las Cinco Afirmaciones de la Relación Sociedad - Naturaleza:
1) El hombre es, a la vez, sociedad y naturaleza.
2) Sólo existe naturaleza.
3) La naturaleza está sombreconformada por lo social.
4) El vínculo sociedad - naturaleza surge por el trabajo.
5) Los resultados de ese vínculo son impredecibles, y en general, negativos[3].
La aplicación del modelo capitalista al monocultivo de la soja transgénica promete abultados beneficios para sus productores. Esto fue provocando a lo largo de los años, sobre todo a partir de 1996 en que se liberó el comercio de la soja transgénica, un abandono de otros cultivos o de la cría de ganado para dedicar esas hectáreas de suelo al monocultivo.
La frontera sojera, se ha ido extendiendo, de este modo para pasar de 6,267 millones a más de 16 millones de hectáreas en nuestro país como se puede observar en el siguiente gráfico.
El concepto de frontera sojera se extrajo de una publidad de Syngenta, empresa agroquímica, que reconocía que la soja no tiene fronteras y exponía la siguiente imagen:
Con el avance de dicha frontera se pone en peligro la soberanía alimentaria argentina. La soberanía alimentaria es el DERECHO de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas agrícolas, pesqueras, alimentarias y de tierra que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus circunstancias únicas. Esto incluye el verdadero derecho a la alimentación y a producir los alimentos, lo que significa que todos los pueblos tienen el derecho a una alimentación sana, nutritiva y culturalmente apropiada, y a la capacidad para mantenerse a sí mismos y a sus sociedades[4].
Con la producción de alimentos de Argentina podría alimentarse a más de trescientas millones de personas[5]. Pero evidentemente, poder no es querer. El porcentaje de indigencia argentina alcanza un 12% (aprox. 4.500.000 habitantes). Es que el modelo agricultor utilizado en la producción del monocultivo de la soja transgénica consiste en un paquete conformado por su semilla, glifosato y maquinaria para la siembra directa. De este modo quedan a la deriva miles de trabajadores agricultores como los cosechadores de algodón de la zona chaqueña. Son miles de familias que quedan fuera del modelo productivo pasando a engrosar las cifras de pobreza y desempleo argentinas.
Los grandes agricultores van destinando cada vez mayor proporción de sus cultivos a la soja RR (Roundup Ready -resistente al glifosato-). En cuanto a los pequeños y medianos productores, se vieron obligados a arrendar sus tierras a los grandes agricultores puesto que la maquinaria utilizada resulta costosa y sólo es rentable si se poseen extensas tierras para cosechar soja y recuperar lo invertido. Lo mismo ocurrió con productores dedicados a la producción de leche y al engorde de ganado quienes arrendaron sus tierras para la producción del monocultivo dado que así obtenían mayores beneficios que con los tambos.
Luego de la mecionada extensión del monocultivo, el mapa de la Argentina sojera se conforma de la siguiente manera:
Contaminación con glifosato
El glifosato es un herbicida utilizado para matar toda forma de vida silvestre que no sea la soja RR, lo que facilita su posterior cosecha. Los controles sobre su toxicidad los efectúa la misma compañía que lo patentó la cual lo califica de levemente tóxico[6]. Por esta misma razón es que no se puede confiar en los resultados de sus informes.
Al margen de esto, el glifosato es acompañado de otros químicos que sí son altamente tóxicos y esto es por lo general ignorado por los productores. «Se piensa que el glifosato es inocuo y que se degrada fácilmente, por ello se emplea mucha más cantidad que la necesaria»[7].
Al respecto Rachel Carson en su libro Primavera Silenciosa afirma: «No digo que nunca deben usarse insecticidas químicos. Digo que hemos puesto indiscriminadamente sustancias químicas biológicamente potentes en las manos de personas que en gran parte o en su totalidad son ignorantes del daño que estas sustancias pueden causar».
En el Hospital Regional de Encarnación, Paraguay, se llevó a cabo una investigación desde febrero de 2006 hasta marzo de 2007. La misma consistía en registrar todos los nacimientos con malformaciones congénitas. En esos casos se indagaba a la madre a fin de establecer el origen de dicha malformación. Durante el período de estudio nacieron 52 recién nacidos con malformación congénita visible. La conclusión de dicha investigación fue la siguiente: Estos resultados muestran una asociación entre la exposición a pesticidas y malformaciones congénitas. Los resultados demuestran que se requiere urgentemente de estudios futuros a nivel del país para confirmar estos hallazgos[8].
Monocultivo de la soja transgénica, ¿fuente de divisas?
Quienes defienden este modelo de producción se apoyan en la idea de que produce un gran ingreso de divisas del exterior con el fin de incrementar las Reservas Internacionales. Si bien los términos del intercambio favorecen a los productores argentinos, no es verdad que el ingreso obtenido incremente la cantidad de divisas en poder del BCRA. Las divisas ingresadas entre enero y agosto de este año en concepto de soja y sus derivados totalizaron U$S 11.950 millones[9], el saldo de la cuenta corriente del balance de pagos del primer semestre fue de U$S 2.778 millones mientras que la cuenta Variación de Reservas Internacionales alcanzó los U$S 1.800 millones en dicho período[10]. Es decir, no todo lo recaudado en exportaciones, ingresa al país para formar parte de las Reservas Internacionales. La fuga de divisas producida ronda el 35% del superávit de cuenta corriente.
Subsidios del Estado a los marginados
Para paliar la pobreza que este modelo fabrica, el Estado otorga a los trabajadores marginados un subsidio de $ 150. No hay que ser un experto en economía para concluir que esta suma no brinda ningún tipo de ayuda a los campesinos desempleados. Esto provoca principalmente hambruna en gran parte de la población argentina, y desnutrición (sobre todo infantil). A su vez, en un intento por «remediar» la desnutrición, los grandes productores regalan semillas de soja RR a comedores públicos, los que la utilizan varias veces a la semana como reemplazo de la carne. Este «regalo» -que considero extorsión para perpetuar el modelo- se realiza sin el paso previo por los controles sanitarios correspondientes. Por ese motivo, la semilla de soja debería ser hervida durante más de 1 hora antes de ser consumida. Pero los comedores públicos, no poseen la capacidad económica para solventar la energía necesaria para esto, por lo que sólo la hierven unos minutos[11].
Por su parte la Dra. Luisa Bay[12] aclara que los pediatras no recomiendan el consumo de soja en menores de 2 años por la desnutrición que provoca dado que funciona como antinutrientes al impedir la absorción de los mismos. Y en el resto de las personas puede ser consumida como un alimento más y no basar la dieta humana en esta semilla y sus derivados.
Otra de las consecuencias de esta fábrica de pobreza son las migraciones internas que provocan grandes asentamientos de gente por debajo de la línea de pobreza, en las inmediaciones de los centros urbanos.
Conclusión
Los productores maximizan sus beneficios mediante la utilización del paquete sojero, el cual provoca desempleo de mano de obra campesina. Como consecuencia, aumenta la pobreza, el hambre y la desnutrición incrementada por el «regalo» que prefiero llamar extorsión de los grandes productores. Y así se genera un círculo vicioso del cual sólo se puede salir terminando con este modelo en defensa de nuestra soberanía alimentaria. El suelo, principal recurso natural argentino, también necesita de nuestra defensa ya que la soja le quita todos sus nutrientes los cuales no le son devueltos mediante fertilizaciones. Llegará un momento en el que la siembra directa ya no provoque los beneficios esperados y en ese momento los productores se darán cuenta que lo que alguna vez los llenó de plata, los dejará en «Pampa y la vía». Me animo a denominar esta situación como "la fiebre del oro verde" parafraseando lo ocurrido en California, EEUU, siglos atrás. Nuestro suelo ya no podrá producir ningún tipo de cultivo, ni generar el alimento adecuado para el ganado. Cuando ese momento llegue se necesitarán enormes inversiones en fertilización del suelo argentino para volver al modelo agricultor que otrora alimentaba a nuestro pueblo.
Uno de los factores que considero pueden ayudar a romper con este modelo es la información adecuada y en abundancia. Es decir, es evidente la deliberada información errónea dirigida hacia los productores de este monocultivo y hacia la población argentina en general. En esta deliberada desinformación juegan un papel crucial los medios de comunicación.
Como ejemplo de esta errónea información publicada en la mayoría de los medios, tomemos la siguiente:
«En un comunicado, Acsoja recordó que la soja tiene un elevado "contenido de aceites y proteínas de alta calidad" y sostuvo que esas características son "la consecuencia de muchos años de selección y mejoramiento genético tradicional, potenciado en las últimas décadas por los gigantescos avances de la biotecnología"». Señalando más adelante que «la soja es "responsable de la más formidable revolución tecnológica que ha visto el país desde sus orígenes"»[13].
Si la correcta información llegara a todos los hogares argentinos, el modelo podría revertirse.
[1] Galeano, Eduardo, «La naturaleza no es muda», en Página 12, domingo 27 de abril de 2008
[2] González Mesples, Pablo José, Ambiente, fenómeno y problemática, Fundación Innovación e Integración para el desarrollo sustentable económico y social de los pueblos, 2005, pág. 5.
[3] González Mesples, Pablo José, op. cit., pág. 12.
[4] Foro de ONG/OSC para la Soberanía Alimentaria, Roma, junio de 2002. La negrita es mía.
[5] Cfr. Susana Aparicio, Investigadora del Conicet, Argentina: ¿granero del mundo e insuficiencia alimentaria de su población? La paradoja nacional, disponible en http://www.uba.ar/encrucijadas/46/sumario/enc46-paradojanacional.php
[6] Hambre de soja, video documental de la Fundación Biodiversidad Argentina, post-producción digital de ICARO Producciones SRL.
[7] Señala la Dra. Haydée Pizarro, docente e investigadora de la FCEyN-UBA y del Conicet, en «La Argentina sojera», Página 12, suplemento Futuro, 13 de marzo de 2010.
[8] Documento de trabajo: Malformaciones congénitas asociadas a agrotóxicos, Stela Benítez Leite, Profesora Asistente, Cátedra de Pediatría, Centro Materno Infantil (CMI), Facultad de Ciencias Médica (FCM); María Luisa Macchi, Jefa de Sala e Instructor de Pediatría, CMI, FCM; Marta Acosta, Jefa de Neonatología, Hospital Regional de Encarnación, Paraguay.
[9] Informe de Prensa, Intercambio Comercial Argentino, INDEC, disponible en http://www.indec.gov.ar/nuevaweb/cuadros/19/ica_09_10.pdf.
[10] Informe de Prensa, Resultados del balance de pagos del segundo trimestre de 2010, INDEC, disponible en http://www.indec.gov.ar/nuevaweb/cuadros/19/bal_09_10.pdf.
[11] Hambre de soja, op. cit.




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