La generación de desempleo en el sector agropecuario (1996 hasta la actualidad)

El fenómeno del desempleo afecta a toda la Argentina en general, pero me enfocaré en el sector agropecuario y en particular en la actividad sojera.

A partir de 1996, mediante la Resolución 167 se autoriza la producción y comercialización de la semilla, productos y subproductos derivados, provenientes de la soja tolerante al herbicida glifosato.

Para la producción de dicha soja RR (Roundup Ready -Resistente al Glifosato-) se utiliza el llamado “paquete sojero” que consta de la semilla de soja, glifosato, avioneta para la fumigación del mencionado herbicida y una máquina para la siembra directa. Es decir, que con uno o dos peones rurales se puede sembrar y cosechar una gran cantidad de soja, situación que la torna por demás rentable.

Más allá del impacto ambiental que provoca (discusión que excede al presente trabajo), produce un aumento constante de desempleo, pobreza e indigencia.

A su vez, esto genera un importante desequilibrio en la estructura social y económica de nuestro país. “Si bien es cierto que desde el punto de vista macroeconómico el país ha alcanzado las metas impuestas, desde la óptica del desarrollo, Argentina no ha crecido (0% el año 2000), mientras que los impactos socioambientales no se han hecho esperar: la desaparición de la pequeña y mediana empresa (industriales y agropecuarios), un aumento creciente del desempleo urbano y rural (7,1% en 1989, 15,4% en 2000), fuertes migraciones internas y externas, pauperización de los ingresos y flexibilización laboral, que junto con una débil o inaplicable legislación ambiental impactan y degradan por igual, recursos naturales y humanos”[1].

Si hubo un tiempo en que la Argentina era conocida como “el granero del mundo” y en el que la desocupación no era un problema para el país, ¿cómo llegamos a esta situación? Existen muchas respuestas que complementadas explican el origen de dicha problemática.

En su libro sobre el transformismo argentino, BASUALDO realiza una analogía con el transformismo italiano explicado por Antonio Gramsci. Este consiste en la exclusión, por parte de los sectores dominantes, de todo tipo de compromiso con los sectores subalternos, dominándolos mediante la cooptación de los líderes de estos últimos. A su vez, estos sectores dominantes no persiguen sus propios ideales, sino, los de los países centrales. Por esto, BASUALDO afirma que “quizás por eso se trata de un proceso de dominación muy vacío de contenidos propios, específicamente nacionales”.

Los terratenientes argentinos actuaron siempre de acuerdo a los intereses del exterior (primero europeos, luego norteamericanos, para más tarde incorporar los de otros países como China) y de este modo, asegurar su posición en el mercado externo.

Estos intereses, son los intereses del mundo capitalista, el cual posee un régimen de acumulación mediante la valorización financiera. “En la actualidad el flujo diario del sistema financiero internacional se calcula que es unas 500 veces superior al del comercio mundial de mercaderías. Al finalizar la Segundo Guerra Mundial esa relación se estimaba que era de 5 a 1”[2]. BOYER[3] explica que muchas economías comienzan con la apertura comercial para luego hacer lo propio con la financiera. Pero en el caso de nuestro país no se siguió este orden. El problema radica en que la división internacional del trabajo, mediante la cual nos insertamos en el comercio exterior, progresa lentamente. Mientras que en el mercado financiero con sólo una información favorable o no, los flujos de capitales se dirigirán hacia el mercado que les resulte más redituable. Tengamos en cuenta que el plazo de las colocaciones en plaza son de alrededor de 5 días.

Sin duda, el nuevo patrón de acumulación trajo aparejado un claro predominio del capital sobre el trabajo, que se expresa en una manifiesta regresividad de la distribución del ingreso y en un nivel de exclusión social que ponen de manifiesto retrocesos que no tienen antecedentes históricos en la Argentina. Estas tendencias fueron el resultado de la convergencia de un salto cualitativo en el nivel de explotación de los trabajadores, con una severa y sostenida expulsión de mano de obra que, al afectar a millones de asalariados, dio como resultado una inédita tasa de desocupación y subocupación[4].

Es decir, las abultadas ganancias provenientes del comercio sojero pasan a formar parte en su mayoría, de la fuga de capitales, ya que sólo una pequeña parte es necesaria para continuar con el negocio.

Luego del voto no positivo hacia la Resolución n° 125, se perdió una herramienta primordial para el control de los precios internos. El contexto de elevados precios internacionales combinados con la devaluación, provoca una traslación al resto de los alimentos del mercado interno afectando seriamente nuestro nivel de consumo[5]. Además, se perdió una gran posibilidad de efectuar una redistribución desde los sectores rurales con mayor poder económico hacia los sectores más necesitados.

La ayuda económica que los desempleados rurales obtienen es de unos $150 mensuales con algún plus por cantidad de hijos. Este monto no alcanza para alejarse de la línea de pobreza. Ese desempleo que genera este modo de producción capitalista en el campo, provoca migraciones internas hacia los centros urbanos más poblados, con la esperanza de obtener empleo y poder subsistir.

Manipulación del imaginario colectivo. Esta es llevada a cabo por los países denominados “centro” si es que seguimos la clasificación un tanto limitada de “centro-periferia”. Atilio BORÓN[6] expresa: “nótese que Estados Unidos genera casi el 80% de todas las imágenes audiovisuales que se ven en el planeta. Las últimas encuestas internacionales demuestran que la ‘M’ de McDonalds es el símbolo que goza del mayor reconocimiento a nivel mundial, desplazando hace ya algunos años a la cruz cristiana que durante siglos ocupó ese lugar”.

Esta manipulación también es palpable en medios de comunicación argentinos como por ejemplo Clarín. Basta observar la nota publicada en Clarín el día 01/04/2006 cuya autoría es de nada más ni nada menos que el presidente de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACSOJA), Rodolfo Luis Rossi. El título de la misma es “Diez años de soja transgénica” y su copete manifestaba lo siguiente: “Según el autor, la soja con tolerancia a glifosato, fue un caso líder positivo en sus aspectos regulatorios por no ser una especie originaria de América, y no tener malezas asociadas genéticamente. Para la Argentina, además fue un caso de alto impacto en los niveles de producción, por la ‘simbiosis’ encontrada con la siembra directa”. Este tipo de manipulaciones ponen de manifiesto la tendencia hacia una Sociedad de Mercado, ya que dicho Grupo conoce el desempleo y la pobreza que provoca la producción de soja RR, y aún así, prefiere festejar su décimo aniversario.

 

Otro ejemplo sobre la manipulación que realiza este medio es el semáforo semanal, que sobre tres noticias elegidas y muy brevemente redactadas, coloca el respectivo color del semáforo, que predispone al lector de cierta manera antes de comenzar la lectura. Tal es el caso del siguiente ejemplo: una semana el Presidente Zapatero tuvo luz verde por llegar a un acuerdo con los sindicatos, pero en otra semana la luz cambió a amarilla, al conocerse el índice de desempleo, colocando además una foto que lo ridiculiza.

Argentina, ¿eternamente “subdesarrollada”? Una de las imágenes o ideologías que EEUU pretende mostrar es la del carácter transitivo del desarrollo de un país. Propone que el subdesarrollo es un estadio anterior al desarrollo. “Según esta concepción, todos los capitalismos convergen con mayor o menor velocidad, siguiendo un modelo único de desarrollo que varias décadas después adoptó el nombre de ‘consenso de Washington’”[7]. Pero entonces, ¿cómo se explica que Argentina –país que en los ‘60 fue considerada subdesarrollada y con un gran futuro por delante– al cabo de 50 años siga siendo un país con un gran futuro? (BORÓN, 2008). Por esto, ROIG prefiere hablar de modo de desarrollo haciendo alusión al proceso de transformación de las instituciones que surgen de la dinámica de los conflictos estructurales. Entonces los modos de desarrollo de cada país serán diferentes entre sí, ya que cada uno surgirá de sus propios conflictos nacionales. Así, pierde sentido, hablar de países desarrollados y subdesarrollados.

Conclusiones

Como mencioné anteriormente, muchos de los desempleados del campo, se dirigen hacia los principales centros urbanos esperanzados por hallar una fuente de trabajo, pero al llegar, se encuentran con las precarias condiciones en las que pueden vivir al no tener acceso a una vivienda digna. Pasan a engrosar así, las villas miserias. El artículo intitulado “Un Estado ausente en tiempos de epidemia”[8] redacta un hecho histórico en particular, el de la fiebre amarilla. Pero lamentablemente, sigue siendo actual la problemática del acceso a los servicios de agua potable y cloacas en ciertos barrios de Buenos Aires. El artículo describe también la xenofobia hacia los inmigrantes europeos, la cual, hoy en día es hacia los provenientes de países limítrofes. Lo propio pasa con los argentinos en España. Otro artículo de la misma revista lleva como título “Un lazo a prueba de aduanas”[9]. Fue redactado por un médico español quien realiza una reflexión sobre el nivel de xenofobia hacia los latinoamericanos en España. Es decir, ambos artículos reflexionan sobre la misma problemática en dos países de distinto continente, ¿casualidad? Mi respuesta es negativa.

Quizá, si se dejaran de lado las dicotomías “centro-periferia”, “desarrollo-subdesarrollo”, “capitalismo-comunismo”, “blanco-negro”, etc. y se empezara a pensar en conjunto, la situación podría cambiar. Es importante recuperar el espíritu como nación, institucionalizando nuestros conflictos –como bien dice ROIG–, reconociendo su inmanencia, con el objetivo claro de la redistribución de la riqueza.



[1] PENGUE, Walter, “Impactos de la expansión de soja en Argentina. Globalización, desarrollo agropecuario e ingeniería genética: Un modelo para armar”. Revista Biodiversidad n° 29, julio de 2001.
[2] BORÓN, Atilio, “Teoría(s) de la dependencia”, Revista Realidad Económica n° 238, 16 de agosto de 2008.
[3] BOYER, Robert, “La crisis argentina: un análisis desde la teoría de la regulación”, Revista Realidad Económica n° 192, 22 de agosto de 2006
[4] BASUALDO, Eduardo M., Modelo de acumulación y sistema político en la Argentina. Notas sobre el transformismo argentino durante la valorización financiera (1976-2001), Universidad Nacional de Quilmes Ediciones, 2001.
[5] KICILLOF, Axel, disponible en
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/43-4850-2010-12-19.html
[6] BORÓN, Atilio, op. cit.
[7] ROIG, Alexandre, “El desarrollo como conflicto institucionalizado”, Revista Realidad Económica n° 237, 19 de septiembre de 2008.
[8] PIGNA, Felipe, “Un Estado ausente en tiempos de epidemia”, Revista Viva, 31 de enero de 2011.
[9] SÁNCHEZ, Roberto, “Un lazo a prueba de aduanas”, Revista Viva, 31 de enero de 2011.

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